lunes, 9 de agosto de 2010

Nuestro día entre los amish

La State Road 6 nos tenía una sorpresa preparada, que no figuraba en nuestro planes de viaje. Cuando nos acercábamos a Kapanee, la ciudad en la que teníamos previsto buscar un motel, a un par de horas de Chicago, nos encontramos adelantando una carreta tirada por caballos. Pero antes de que pudiéramos sorprendernos o entender algo, nos cruzamos con una señora montando en bici con cofia y una falda negra hasta los pies, y una especie de carrera de carretas...¿dónde están nuestros amigos los moteros?

Nuestros amigos de Knapanee, la ciudad amish
¡Estábamos en medio de un pueblo amish! En la tarde y la mañana que hemos pasado aquí hemos tenido mil y una oportunidad para sumergirnos en su cultura, y saber por qué viven así. Teníamos que aparecer en una ciudad perdida...sin turistas...sin carreteras principales que lleguen hasta allí...¡en mitad de la feria local amish!

Por la noche acudimos a una taberna a probar la cerveza local. Descubrimos, entre otras cosas, la suerte que tenemos de haber nacido en Europa, el continente de la cerveza que sabe a algo. Sin embargo, subir, suben todas igual y en pleno momento de exaltación de la amistad, entablamos conversación con un ex-amish y su mujer, ex-amish también...durante las siguientes 2 horas. Probablemente debimos ser la mejor atracción que pasa por allí en años, porque acabaron dedicándonos un. Billete de 20 $, dánldonos su Facebook, y faltó poco para que acabásemos alojados en su casa, desayunando comida amish y casados con sus hijas (y eso último no es una exageración literaria).

Por la mañana hemos desayunado hasta casi reventar unas tortitas con sirope y huevos, y luego hemos acudido a la feria amish. No hemos visto muchos, porque debía ser la hora de ir a misa, pero nos conformamos con escuchar un concierto country sentados en balas de heno, y ver al auténtico Dr. Barth, que tras un número de magia y de ventrílocua, nos vendía el "autentic health tónica" por un dólar. Nos faltaba sólo coger el coche y pasearnos entre sus granjas, y ver a los niños amish vestidos con tirantes y traje salir de misa.

Basta de historias, porque estamos entrando en Chicago. Acabamos de pagar el peaje del puente, y se ve a lo lejos el centro plagado de rascacielos. Hoy será un día largo, en concreto de 25 horas. Hoy, a esta misma hora, hace una hora, estábamos entre los amish. ¡Viva Chicago!

2 comentarios:

  1. jopé que guay!!!! con los amish!!!! siempre me han encantado las pelis de amish!!!!! ahora mismo me muero de la envidia!!!!!!

    ResponderEliminar
  2. Ya me lo imagino como la peli de unico testigo!!!! fran espero que te hayas quedado con muchas historias que ya sabes que tengo mil preguntas sobre los amish!!!!

    ResponderEliminar